A un año de la celebración del Bicentenario de Independencia en Guatemala, es importante analizar ciertos elementos determinantes para que la misma se desarrollara. Algunos elementos están en relación directa con la Revolución Francesa de 1789.
A pesar de los distintos puntos de vista desde los cuales puede analizarse este hecho histórico, los fines académicos y científicos con que se desarrolla el presente blog nos hacen basar nuestro análisis en el trabajo de Nuñez (1989), quien con su trabajo realiza un aporte sumamente valioso por la riqueza de la información presentada.
Así, Nuñez (1989) realiza una espléndida radiografía del contexto en el cual se desarrolló la independencia de Guatemala, la cual no estuvo aislada de otros movimientos independentistas en toda Hispanoamérica.
En 1821 Guatemala se independiza de España, pero, de entrada, hemos de dejar claro que se trata de una independencia criolla. Tal es el caso de todas las independencias hispanoamericanas en ese contexto.
La clase criolla, es decir, los descendientes de los invasores españoles, se fue constituyendo poco a poco en una clase con sus propios intereses económicos y políticos, en clara contraposición a los intereses de la monarquía española. Nuñez (1989) lo expresa de la siguiente manera:
La emergencia de la clase criolla también tuvo profundos efectos en el ámbito de la política. Puesto que los criollos eran «españoles americanos» y descendían en su mayor parte de los conquistadores y colonizadores de estas tierras, reclamaban para sí un papel preponderante en la administración colonial, que en la práctica estaba en manos de un grupo de burócratas venidos de la península, que tenían como únicos objetivos mantener la sujeción de estos territorios a la metrópoli y obtener los mayores ingresos posibles para la corona. Fue así como en las colonias españolas de América llegó a constituirse un «poder dual», entre una «clase dominante a medias» -la criolla que controlaba los medios de producción fundamentales y los más activos circuitos económicos, y una casta burocrática que actuaba como clase sin serlo, pero que detentaba el poder político en representación de la clase dominante metropolitana: la de los «chapetones» o «gachupines».
Esa lucha entre criollos y chapetones había tenido múltiples ocasiones de manifestarse a lo largo de la historia colonial, pero en el siglo XVIII alcanzó una virulencia inusitada, expresada en motines, rebeliones y alzamientos ciudadanos, dirigidos por los Cabildos - centros del poder criollo - contra el poder colonial radicado en Virreyes, Audiencias o Capitanes Generales. (p.1)
Esa pugna podría considerarse como una de las contradicciones propias del desarrollo de la sociedad colonial hispanoamericana, y acentuada por las ideas difundidas a través de lo que Nuñez (1989) denomina ilustración hispanoamericana:
Si el propio desarrollo ideológico de la ilustración hispanoamericana había provocado ya una ola represiva por parte de las autoridades coloniales, el temor a la fulgurante onda expansiva de la Revolución Francesa hizo que en la misma metrópoli se desencadenase una represión contra la propaganda revolucionaria francesa y las ideas avanzadas; la Enciclopedia fue prohibida, del mismo modo que los viajes de estudios al extranjero. Luego, sin poder contener la avalancha ideológica que generaba la cercana revolución, el gobierno de Madrid dictó la Real Resolución de febrero de 1791, por la que se prohibía la impresión y distribución de todo periódico, excepto el Diario de Madrid de Pérdidas y Hallazgos.
Frente a los sucesos europeos, la represión a las ideas progresistas y a la prensa se acentuaron de inmediato en Hispanoamérica. Empero, ello no pudo evitar que en las colonias circularan papeles subversivos tales como ejemplares de la Constitución francesa y copias de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. (p.1)
Cabe resaltar el papel crucial que desempeñó Francisco de Miranda, "el precursor" de la independencia hispanoamericana, "se había iniciado como francmasón en Filadelfia, en los días de la independencia norteamericana, fundó en Londres, en 1797, la Gran Logia Americana, de la que fue Gran Maestro" (Nuñez, 1989, p.1).
La misión de la Gran Logia Americana era de carácter estrictamente independentista y contó con la adhesión de personajes como: "Bolívar y San Martín; López Méndez y Andrés Bello, de Venezuela; Moreno, Alvear y Monteagudo, del Río de la Plata; Montúfar y Rocafuerte, de Quito; O'Higgins, de Chile; Valle, de Guatemala; Mier, de México; Nariño y Zea, de Nueva Granada" (Nuñez, 1989, p.1).
Toda la propaganda distribuida por la Gran Logia Americana tenía su base en los principios declarados en la Revolución Francesa. Pero, en la práctica, algunas reivindicaciones no eran compartidas por la clase criolla, puesto que ellos querían conservar sus privilegios sin compartirlos con el pueblo. Nuevamente, Nuñez (1989) lo expresa de manera magistral:
Dueños de ricas plantaciones cultivadas con trabajo esclavo o de enormes latifundios beneficiados por el trabajo indígena servil, muchos de ellos poseedores de títulos nobiliarios, los criollos aspiraban a una emancipación política de España, que los convirtiese en miembros de una clase dominante con plenos derechos, y no a una revolución social que, como la francesa, repartiera la tierra a los campesinos pobres, liquidara los derechos feudales y arrasara legal y físicamente con la nobleza. Lo que querían, en definitiva, no era transformar esencialmente a la sociedad colonial, sino mantenerla para su exclusivo provecho, cortando de un tajo la dependencia frente a la metrópoli y asumiendo el tan ansiado poder político. (p.1)
Es en ese contexto en el que se lleva a cabo la independencia de Guatemala, que, como puede apreciarse, fue resultado de un plan anticolonialista muy bien orquestado y con resultados favorables para la clase criolla. Desafortunadamente para el pueblo guatemalteco, los derechos conquistados durante la Revolución Francesa continúan pendientes, frente a la arrolladora ola de explotación que la oligarquía criolla guatemalteca mantiene en la actualidad como clase dominante.
Referencia
Nuñez, J. (Septiembre -Octubre de 1989). La Revolución Francesa y la Independencia de América Latina. Nueva Sociedad, 103,1. Recuperado de https://nuso.org/articulo/la- revolucion-francesa-y-la-independencia-de-america-latina/
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